lunes, 20 de octubre de 2014

RELOJ AZUL


Hace unos días… conocí a jorge…
Como a mí.. le encantaban los relojes…
Compartíamos una afición…
Pero.. no los relojes de pared… los de pulsera…

Me habló de su colección…
Los había antiguos.. modernos…
De acero.. de oro.. plata.. y plástico…
Jorge.. debía rozar los 50 años…

Unos comprados… otros regalados..
Alguno.. heredado…
Pero….
Ya no quería más….

Al dec´rmelo.. le miré extrañado….
No entendía que no quisiera más…
Con una sonrisa extraña…
Me lo contó…

Un día..hace tiempo……
Encontró un árabe que le pidió ayuda…
Se fijó en él…
Era viejo.. muy viejo…

No era marroquí… ni subsahariano…
Ni paquistaní… era de una raza antigua…
Ojos hundidos.. grandes ojeras…
Rasgos exóticos..

Le habló de sus tristezas…
De su familia lejana…
Y de su edad….
Le pareció entender que tenía 400 años…

Intrigado.. y pensando en un timo…
Al principio.. rechazó su mirada implorante..
Luego.. en un acto de caridad..
Le llevó a comer….

Le sorprendió su cultura…
Su dominio de la historia…
Tanto árabe.. como europea…
Y también americana…

Según él… y cito de memoria…
Había brindado en el día de la primera constitución de los estados unidos…
No recordaba cuando exactamente..
hacía unos 200 años…

había sido uno de los gauchos primeros……
uno de los exploradores del perito moreno……
uno de los filósofos del 1898…
mi amigo asentía sonriendo…

respetaba las elucubraciones del árabe…
y con tranquilidad…
asentía…

al final de la comida…
se fijó en las manos…
unas manos suaves y cuidadas…
increíblemente jóvenes….

No sabía porqué… pero sus ojos estaban fijos en las manos..
También le sorprendía su español…
Arcaico.. pero claro…
Con palabras… quizás en desuso.. pero bien empleadas…

Llegó a la conclusión de que debía ser un descendiente sefardí…
Sí.. de los judíos sefarditas expulsados de españa hace 500 años..
Y que a sus descendientes les legaron…
El español.. la pasión por españa… su paraíso..
Y las llaves de las casas en que habían vivido..

Y todo.. transmitido generación tras generación…
No pudo más que preguntarle si era descendiente de sefarditas…
Con una extraña sonrisa…
El árabe.. negó…

_no.. no soy descendiente…
yo soy de los sefarditas que fueron expulsados…
-su familia.. imagino..(dijo jorge)..
-no.. replicó.. yo fui amigo de maimónides…
por desgracia … él.. murió…

mi amigo empezó a pensar que estaba con un loco peligroso…
el árabe sonrió…
mira mis manos.. le dijo….
Y recuérdalas…
Son jóvenes….

Voy a hacerte un regalo.. le dijo a jorge….
Sé que eres coleccionista de relojes…
Hace muchos años….
Muchos.. muchísimos años….

Antes de que cartier inventara el reloj joya de pulsera..
Una noche en el cairo…
Alguien de manos jóvenes y cuerpo viejo…
Me vendió un reloj…

Un reloj especial…
Lo sacó…
Envuelto en una seda negra…
Se lo enseñó a jorge…

Ahora viene el timo….(pensó jorge)…
-no… no voy a vendértelo…
quiero regalártelo….

Jorge abrió la seda… un reloj de plata antigua..
Con arabescos en la esfera…
Y correa deshilachada…
Parado…..

-ya es tiempo de que pase de manos… le dijo…
jorge estaba fascinado…
-sólo quiero advertirte de algo….
Funciona al revés…

Jorge salió del bar.. con su tesoro..
Dejando atrás al árabe sonriente…
Me contó jorge.. que esto..
Había pasado…

En… 1914…
Pensé que la locura de jorge.. era contagiosa…
Sonrió..

Sí.. ya sé.. estamos en 2007…
Pero.. es cierto…
Fue en la guerra del 14…
Conocía a jorge desde hacía 10 años…

Ahora notaba algo raro…
Sus manos.. jóvenes…
Su pelo.. ya no existía..
En sus ojos.. un brillo febril….

Y sí… no había cambiado en estos 10 años….
Quizás estuviera más joven….
Seguía mirando sus manos….

Diego.. me dijo.. ya es hora de que el reloj cambie de manos….
Me sentía intrigado…
No podía creerlo…
Y esa noche.. entre copas y confidencias.. me contó el secreto…

El reloj… funcionaba al revés….
Cada vuelta de 24 horas… hacía al poseedor.. no 24 horas más viejo…
24 horas más joven….
Era el sueño de cualquiera….

Podría dejarlo funcionando.. y volver a mis 20 años…
Una vez allí.. dejarlo parado..
Hasta que volviera a sentir la necesidad de rejuvenecer…

Sólo había que pagar un precio…
La soledad…
El reloj….
Creaba una coraza invisible para los sentimientos…

Jorge.. se sentía bien…
Cuando alcanzó los30…
En 1920… lo dejó parado durante varios años…
En 1930… volvió a hacerlo funcionar..
Y volvió en 1940.. a los 30 años…

Había sido uno de los descamisados que elevaron a perón…
Un vecino de ana frank…
Un profesor de charleston…

Así fue que poco a poco volvía siempre a sus 30…
En 1968… arrojó adoquines en parís…
Pintó… debajo del asfalto.. está el mar..
Y prohibido prohibir…

Se imbuyó de valores imaginativos…
Conoció a daniel conh bendit…
Colaboró con andré malraux en sus antimemorias…
Y por fin …después de muchas vivencias…

Paró el reloj definitivamente.
En el 1987…
Ahora tenía… 50 años….
Y las manos jóvenes….

y.. era incapaz de amar….

Esa noche… en la soledad de mi hotel…
Fui consciente de mi edad…
Estaba yo de viaje…
Me sentía joven…
Pero….

A la mañana siguiente.. fui a buscar a jorge….
Sí.. le aceptaría el reloj…..

Camino de su casa… una brisa me acarició la cara…
Seguí caminando…
Una mariposa aleteó en mis labios…
Seguí caminando…

Noté unos besos en el aire….
Seguí caminando…
Una sonrisa dulce y joven junto a mí…
Seguí hacia la casa de jorge…

Me abrió la puerta…
-hola diego.. aquí está….
Envuelto en una seda negra…
La maravilla.. el tesoro…

Lo contemplé….
-gracias jorge….
Pero…

-no.. no puedo aceptar…
-¿porqué?.. no lo entiendo dijo jorge….
-claro.. tú no puedes entenderlo….

Y entonces le dije unas palabras que le dejaron perplejo…

-existe… y voy hacia el azul….
Y volví a buscarte…



CJA.

cuento de juventud...


Tenía yo entonces 17 años.


Me creía el rey del mundo....
Una noche salí a tomar copas.
Te sitúo...Barcelona, primavera....
Me acerqué a un sitio de jazz...
“Las cuevas de Jamboree”.
Después de bajar las escaleras, me sumergí en un mundo de humo de cigarrillos...
El saxo tocaba un agudo precioso...
Llegué a la barra, allí estaban mis amigos...
Con el gintonic en la mano, y mientras la batería estallaba en un solo...
Un escalofrío recorrió mi espalda...
Me volví...
Una preciosa mujer de unos treinta a cuarenta años, sonreía.
Sus ojos brillaban dulcemente..
Su pelo moreno reflejaba la luz de un foco...
Sí, me sonreía a mí...
Me habló:-¿te llamas Diego verdad?
-sí
-       todavía no me conoces...
-       te he querido y te querré tanto....
bajé los ojos, lo confieso, me ruboricé...
al alzar la vista de nuevo.......ella no estaba....
la busqué por todas partes....
no la encontré....
salí a la calle....
no estaba......


2ª parte...


Aquella noche, en cada rincón, en cada mirada, la buscaba....
A mis 17 años, me había impresionado...
No podía ser la bebida, todavía no había empezado a beber...
No me atreví a contárselo a nadie por miedo a que me tomaran el pelo...
Pasó mucho tiempo.....
Seguía recordando esa mirada...
De una mujer mayor que yo.....
Todo pasa, y con el tiempo, lo olvidé...
El día de mi cumpleaños (25), cené en Bruselas, solo.
Había reservado una mesa en “Chez Jacques”, un pequeño restaurante al lado de la Grand Place, al que sólo van belgas...
Terminé mi carbonade flamande y el último sorbo de mi leffe brune...
Paseando, llegué al corner café.....muy cerca.
Me gusta ese local, tiene actuaciones en vivo de grupos de rock.
No creas que siempre...sólo algunos días cuando alguna banda actúa sin avisar...
Y no sé cómo se entera la gente, pero llena el local...
Tuve suerte, hoy había actuación...
En circunstancias normales caben unas 50 personas...
Debíamos ser más de trescientas...
Con mi copa en la mano conseguí llegar al precario escenario...
Los empujones me llevaron a la primera fila.....
El ruido era ensordecedor...
Los empujones desagradables...
Era el 2 de septiembre ya...
Todavía hacía calor....
No iba a aguantar mucho.......
Hoy mismo, a las 9 tenía cita en la Comisión....
Tocaban una balada...
Me quedaría a oirla....
De pronto un escalofrío recorrió mi espalda...
Me sonaba a conocido...
Me volví......
Al fondo, junto a la puerta...
Estaba ella....
La reconocí al instante....
Ya no dudé, sabía que me sonreía a mí...
Me saludó con su mano....
Intenté ir hacia ella...
Nos separaba una multitud...
-encore ne cést pas le temps, atend...
:-¿qué? (chillé)
.-todavía no es tiempo...espera...
:-no espero...no te vayas.
Sus ojos, brillantes fijos en los míos...
Fui acercándome a ella...
Su sonrisa flotaba como la del gato de yorkside en alicia en el país de las maravillas....
Terminó la balada...
La gente estalló en aplausos...
Hubo un movimiento de la masa....
La perdí....
Conseguí llegar a la puerta....
No estaba...
La noche era clara, y los maravillosos edificios de la Grand Place, parecían comprenderme....
Estaba triste y a la vez ilusionado....
Era ella...
¿cómo podía estar igual?
¿quién era?.....
paseé, ya sin buscarla por esa plaz tan querida, y tomando un taxi, llegué al hotel


3ª parte


Pasaron 10 años desde la noche de la Grand Place...
En noviembre de aquel año..(ya tenía 35)...
Uno de mis viajes me llevó a miami...
Acababa de estar en ecuador...
Pude escaparme dos días a la amazonia...
Encontré un chamán...
Me habló de ella...
Me habló de muchas cosas...
Cosas que habían ocurrido en mi vida...
Cosas que iban a ocurrir...
Yo soy escéptico....
Pero me habló de ella...
Sí......
Estaba hecho un lío, demasiadas emociones....
Me regaló una cerámica precolombina para mi colección...
Me habló de ella...
Era mi segundo día en miami.
Aquella noche no me apetecía cenar en el larios con mis amigos...
Quería cambiar de sitio...
Tampoco me apetecía casa julio en la 28...
Eran sobre las 6 cuando me acerqué al Bayside..
Paseé entre las tiendas, estaba solo, rodeado de gente...
Solo con mis pensamientos....
Me compré unos sebago, como siempre, y un par de camisas...
Tomé una coors al borde del puerto deportivo, entre los yates...
La inmensa guitarra del hard rock café me llamó la atención...
Sí, iría a picar algo allí, aunque me horrorizan las hamburguesas...
Recré mi vista en las “niñas de plástico y silicona”, intercambié un par de sonrisas....
Seguí solo....con mis pensamientos, y ahora mis bolsas de compras...
Subí los niveles del hard rock.
Después de esperar conseguí mesa....
Miraba al puerto....
Estaba debajo de una fotografía dedicada de los beatles....
Sólo iba a comer un costillar a la barbacoa y unos aros de cebolla...
Imaginé a mis amigos comiendo marisco....
Me sentía bien.
Tras de mí se formó una cola de gente esperando mesa.....
Veía grupos mientras atacaba mis costillas...
Estaban muy ricas...
Un vino que no estaba mal...
Al alzar la copa.....
Al fondo....
Tras los grupos....
Estaba ....
Ella....
Su pelo había cambiado...
Las mujeres cambian continuamente de color de pelo....
Sus ojos no habían cambiado....
Su sonrisa ni su edad, tampoco....
Era ella.....
Derramé el vino...
Como un poseso me levanté....
Me miraron extrañados....
Dejé comida bolsas...
Sonriendo, me dijo adiós con la mano....
Otra vez....
Salí a buscarla....
Otra vez triste....
No la encontré...
Volví a buscar mis compras....
Estaban en mi mesa....
No pude terminar de comer....
Al pedir la cuenta el camarero sonrió....
Me trajo la cuenta y un tarjetón....
Ávido lo leí....
Sólo ponía: ESPERA
Y una inicial......
....pero estaba borrosa...


CJA.

EDUARDO BERNABEU

Eduardo es un poeta reconocido con importantes premios en su trayectoria.

hoy nos presenta su último cuento...


ZOZOBRAS NOCTURNAS

Luis Ángel de las Auroras, brillante arquitecto de 42 años, tuvo que pasar una dura jornada de trabajo en el estudio que hace más de dos lustros abrió con Casimiro Gómez, compañero de carrera e íntimo amigo de la familia. Desde horas tempranas de la mañana de ese lunes se aisló en su despacho, junto a Mari Puri, su competente secretaria personal, para concentrarse en la resolución de un complicado proyecto urbanístico que debía presentar antes de concluir la semana.
-Hoy va a ser un día largo y difícil, Mari Puri –le dijo mientras tomaban fuerzas con el primer café matinal.
-Pues adelante, cuando quieras comenzamos –comentó ella animosa.

Mari Puri es una atractiva y faldicorta joven de poco más de treinta años, una mujer extrovertida, moderna y muy bien capacitada laboralmente. Trabaja para Luis Ángel desde el comienzo de las actividades del despacho, y ha llegado a ser considerada por él como imprescindible y decisiva en el trabajo; forman un equipo compenetrado y provechoso. También, poco a poco, la relación personal ha logrado ser de una amistad profunda, llena de gran lealtad y confidencialidad, lo que no ha entorpecido que Mari Puri conserve novio, Arturo, un entristecido y resignado biólogo en paro, que todavía vive en casa de sus padres.

-Vamos a tomarnos un respiro, Mari Puri –invitó Luis Ángel después de haber estado trabajando sin descanso algunas horas.
-Luis Ángel, si no te importa, me gustaría irme ya; me espera Arturo para dar un paseo. Por diferentes razones, hace que no lo veo casi dos semanas.
-Desde luego, Mari Puri. Y gracias por todo tu esfuerzo. Este mes tendrás una compensación extra; te lo mereces.
-Gracias a ti, jefe.

Eran ya las ocho de la tarde cuando Mari Puri salió de la oficina; el día había transcurrido desarrollando una compleja y meticulosa tarea, durante casi doce horas, tan sólo interrumpida para intercambiarse algunos toqueteos breves, esporádicos y juguetones, para un rápido y frugal refrigerio de mediodía y para una precipitada pero reconfortante felación que Mari Puri obsequió a Luis Ángel a modo de despedida. Luis Ángel siguió con la labor profesional tres cuartos de hora más, momento en que decidió relajar tensiones acumuladas durante el día y dedicar algún tiempo al copeo, en un club de chicas amables y ambiente concupiscente, cercano a su casa, al que, de vez en vez, acude para encontrarse con algunos amigotes asiduos al local, con los que, entre chanzas, picardías y miradas lujuriosas a las chicas, charla de fútbol, mujeres y frivolidades varias. Pero antes, y desde su despacho, llamó por teléfono a su casa, para hablar con María Cándida de la Ría Alta, su esposa desde hace cuatro años, con el objeto de excusar su tardanza por el excesivo trabajo que ha tenido y para justificar que todavía va a dedicarle algún tiempo más al asunto que le ocupa.

-Qué día llevo; sólo he parado un momento para comer cualquier cosa y tomar un café. A última hora me han surgido algunos problemas no previstos y quiero dedicarles algo más de tiempo.
-Con la zorra de tu secretaria, supongo –soltó impetuosa y con rencor María Cándida.
-Estás obsesionada con esa buena chica. Es una trabajadora incansable y eficiente, y, además, hace tiempo que se ha ido, porque había quedado citada con su novio.
-Sí, sí, bien; me da igual. Pero tú, una vez más, hasta las tantas por ahí, con la disculpa del dichoso trabajo. Y quizá también te gustaría que te prepare algo de cena para cuando te dé la gana volver a casa; vete a saber a qué hora –dijo con gran dosis de sarcasmo y rabia.
-No, no; no te molestes. Acuéstate y duérmete tranquila –respondió Luis Ángel con incomodidad contenida.
-Sí, si es que la niña me deja; porque lleva un día… Menos mal que mi madre está conmigo, echándome una mano.

El matrimonio tiene una hija de dos años y medio, Teresita, una preciosa y llorona niña que es la alegría de la casa, la cual fue apadrinada por Casimiro, el socio de Luis Ángel, que se ofreció a ello por la estrecha amistad que les une e ilusionado porque el caprichoso azar concedió a la criatura unos ojos verdosos y un hoyuelo en la barbilla muy similares a los que él posee. Jamás se ha hecho escarnio de esa coincidencia por parte de nadie, aunque alguna sonrisa y alguna mirada maliciosa se hayan escapado por esa razón entre allegados y conocidos.

-Descansa, descansa –volvió a insistir conciliador Luis Ángel.
-Vete a la mierda –se dejó llevar por sus instintos primarios María Cándida.

María Cándida, aunque relamida y cursi en sociedad, es una mujer de carácter fuerte y ademanes bruscos en la intimidad familiar; es bastante más joven que Luis Ángel, y su madre, a la que está muy unida, vive en un piso superior al de ellos, en la misma escalera del mismo edificio. Está emparentada con los duques del Serventesio, una familia norteña, católica, orgullosa y arruinada, que odia con fuerza a Luis Ángel por ser, según dicen, un libertino y rico con malas artes. Profesan un particular cariño a María Cándida desde que ésta quedó huérfana de padre cuando todavía era una adolescente. Entre todos ellos han dedicado mucho tiempo y empeño en las insidias, con las que han creado un progresivo malestar en el matrimonio.

-Iré a casa lo antes posible –sintetizó Luis Ángel con serenidad fingida, mostrándose moderado para calmar las iras de María Cándida.

Inmediatamente después de colgar el teléfono, Luis Ángel recogió cuidadosa y ordenadamente la documentación relativa al proyecto, apagó las luces de toda la oficina y, ya en el coche, se dirigió hacia su lujosa urbanización. Allí dejó el automóvil, en una plaza de garaje que tiene alquilada cerca de su domicilio para cubrir las necesidades que se crean cuando se poseen cuatro vehículos en la familia. Ya en la calle, y al amparo de las sombras nocturnas, suspiró hondamente y se encaminó al club de sus distracciones.

-Hola, chaval –le saludó un hombre de edad avanzada, abigotado y vestido con ropas exageradas e impropiamente juveniles.
-Hola –respondió de manera lacónica Luis Ángel, todavía no adaptado al lugar.
-Y hoy, ¿cómo te lo has montado para venir? –le preguntó otro conocido.
-Ya lo ves; con facilidad –presumió-. Y me lo tengo merecido, porque he trabajado mucho.
-Con la calentorra de tu secre, ¿no? –comentó otro de los habituales, el que se cree gracioso en el grupo.
-No seas majadero, hombre. Que vengo a pasar un rato tranquilo.

Luis Ángel suele tomar güisqui del caro con hielo. Pronto le sirvieron el primero, y lo apuró de dos largos tragos. Tardó poco en pedir otro.

-Parece que vienes hoy con mucha sed. ¿O es que quieres recuperar el tiempo perdido fuera de aquí? –ilustró el gracioso.

Con la segunda copa se inició una conversación intrascendente sobre las tasas municipales en relación con la recogida de basuras. Pero duró poco; pronto fue abandonada para entrar en comentarios sobre las chicas, aunque intercalando algunos aspectos futbolísticos que tenían que ver con el último campeonato mundial.

-Qué desastre; qué fracaso; qué ridículo hemos hecho.
-Que les den a todos. Esos se lo llevan crudo, tan sólo por dar cuatro patadas a un balón. Qué caraduras.
-Oye, ésa, la que me ha servido la copa, ¿es nueva?
-Sí; y qué tetazas tiene –matizó el de mayor edad.
-¿Qué os parece si nos jugamos una ronda a los chinos? Me apetece sacaros la pasta y beber por la cara –propuso el de profesión sus gracias.

A todos les pareció muy bien la propuesta. Entre otras razones, porque era una manera segura de que la juerga no decayera y de mantener una conversación duradera, aunque fuera sobre un tema monótono. Y comenzaron el entretenimiento. La primera partida la perdió Luis Ángel, quien ya se sentía eufórico. Y después llegó otra ronda y otra partida; y luego más. Y siguieron con lo mismo.

-Jo, si son casi las doce y media… -comentó con sorpresa Luis Ángel, ya con una voz lenta y blanda.
-Cómo pasa el tiempo cuando se está a gusto –dijo otro, también con la voz entrecortada y pastosa.
-Esto está empezando para mí; no seáis carcamales ni calzonazos –comentó el de más edad, en un alarde de rebrote juvenil y mostrando un enardecido espíritu machista.
-Pues yo me voy; mañana tengo que estar en el despacho muy temprano, y despejado, si quiero hacer las cosas bien. Tengo entre manos algo muy importante –explicó Luis Ángel con sensatez, aunque sus palabras salían resbaladizas.

Se levantó del taburete con torpeza y se fue. Llegó a su casa dando un corto paseo sin demasiado equilibrio. La cerradura del portal se le resistió algo, pero no demasiado; el problema mayor surgió al pretender abrir la de su domicilio, que pareció empeñarse en no dejarle entrar, poniéndole excesivas dificultades, como si tuviera alguna enemistad personal con él. Al sexto intento lo logró, aunque con una apertura demasiado ruidosa, y entró en su hogar, donde fue recibido por el silencio y las sombras. Cerró la puerta sin demasiada cautela y se quedó inmóvil un momento, reflexionando con lentitud cómo proseguir. Al fin, haciendo esfuerzos para lograr un buen control de movimientos, se dirigió hacia el dormitorio que suele utilizar, para no molestar a María Cándida, cuando sus actividades le obligan a llegar a casa a una hora inoportuna. Entre ese dormitorio y el conyugal hay otra habitación, la que está primorosamente dispuesta para acoger los felices sueños de Teresita. Un cálculo equivocado de las distancias hizo tropezar a Luis Ángel contra un sólido mueble de estilo isabelino colocado en el pasillo. Se sintió dolorido y lanzó un sonoro e incontrolado exabrupto con matices blasfemos. En ese momento, María Cándida salió de su habitación. Algo asustado y desconcertado, Luis Ángel, en una reacción defensiva, se introdujo con precipitación en el dormitorio de la niña y, casi en completa oscuridad, comenzó a mecer la cuna de la pequeña; para disimular. Cerró los ojos y esperó acontecimientos, cuando ya María Cándida, envuelta en un fino camisón e iluminada con una tenue luz del pasillo, se asomaba en la estancia.

-¿Se puede saber qué haces? ¡Imbécil! –le increpó en un tono crispado.
-Es que… La niña… La he oído llorar y he entrado para calmarla y para que tú no te despertaras –se defendió Luis Ángel sin demasiada convicción y con la palabra poco firme.
-¡Ah, muy bien! –se mostró furiosa-. Además de golfo eres tonto. Así que la niña lloraba y la quieres calmar. Y tú todavía con el traje y la corbata, apestando a alcohol. Y la voz, que apenas se entiende lo que dices.
-Es que estoy muy cansado de tanto trabajo y… Pero la niña…
-Sigue, sigue diciendo bobadas –le interrumpió-. Porque no te creería de ninguna manera, pero es que, además, la niña está con mi madre desde hace más de dos horas; porque se la ha subido a su casa para que pase la noche con ella. ¡Sinvergüenza!

Luis Ángel no supo qué contestar. Y como solución para aquel fracaso continuado, no se le ocurrió otra fórmula más digna que la de huir pausadamente.

-Mañana tengo que estar muy temprano en el despacho. Buenas noches; que descanses –y se encerró en la habitación de las circunstancias especiales originadas por el trabajo y los devaneos.
-¡Asqueroso!, ¡golfo!, ¡borracho! –fue la acalorada despedida de María Cándida desde el pasillo.

Poco después, toda la casa quedó envuelta de nuevo por la oscuridad y el silencio, únicamente alterado de cuando en cuando por algún ronquido.        
  





EDUARDO BERNABÉU TERROBA
                                                                                         Julio de MMXIV

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